FRANCESC HOMS: “SI ALGUNA COSA NOS SENTIMOS LOS CONVERGENTES ES QUE SOMOS VÍCTIMAS”. Como lo oyen, los responsables de la ruina de todo un país, los enemigos jurados del pueblo catalán, pavonéanse en calidad de víctimas ante la misma sociedad que han arrastrado a la quiebra económica y moral.

¿La causa? Porque los casos de corrupción que les afectan fueron detectados gracias a una especial atención que se puso sobre los convergentes “por motivos políticos”. No es que fueran inexistentes dichos casos de corrupción, o inventados u orquestados por Madrid, no, es que según los planes y una larga experiencia tenían que pasar desapercibidos y quedar impunes, como siempre había ocurrido gracias al reparto del pastel entre el PP y CiU. Pero roto el pacto de las organizaciones mafiosas de derechas que controlan respectivamente Madrid y Barcelona, la justicia empezó a funcionar según una lógica puramente jurídica, algo aterrador para los Al Capone de turno. Los verdaderos “motivos” que deberían preocuparnos no son, pues, los del ministro Fernández para combatir el delito, sino aquellos que hasta ahora habían impedido el normal funcionamiento de la fiscalía. Sin embargo, de esos “otros” motivos políticos Homs no tiene, por razones obvias, ningún interés en hablar.

Por poner un ejemplo ilustrativo: sería como si un violador que hasta ese momento hubiera contado con la amistad de un policía encubridor, llamémosle Majestic, fuera detenido por otro policía, llamémosle Tinell, que le tuviera ojeriza debido a una deuda de juego. Y decidiera como venganza por esa morosidad poner fin a sus actividades delictivas. Entonces, el violador, con alma de convergente, podría decir: “lo que yo me siento como violador es que soy una víctima”. O: “ese policía me tiene manía”. En definitiva: “el otro policía me dejaba violar a gusto, ¡protesto!”. Majestic, vuelve por favor, clama la “famiglia”.

Ahora bien, la náusea que inspira el personaje no termina aquí: cuando Homs lloriquea su repugnante victimismo, ¡mirad cómo se levantan todas esas otras “víctimas” presentes en el acto, inflamadas de indignación! ¿Existe un indicio más alarmante de que la tropa no se arrepiente de nada y sólo espera volver holgadamente al poder para repetir y “hacerlo mejor” con un nuevo pacto del Majestic? ¡Óiganlos bramar, óiganlos mugir, sin enrojecer de vergüenza, contra “el policía que nos tiene manía”! La sociedad catalana debería sentirse sobrecogida ante tales imágenes. La jauría muestra su hambre voraz de saqueo y ruge amenazante: sueña con desquitarse del apetito a la primera oportunidad, que además ya columbra o fantasea en el horizonte. Convergència insaliva.

Resulta difícil contemplar tales imágenes sin experimentar arcadas. Uno se pregunta cómo puede perpetuarse en el mundo institucional democrático gente de semejante calaña. ¡Sedicentes patriotas! ¿Hanse acaso conchabado para desacreditar irreversiblemente el nacionalismo? Convergència representa, desde el punto de vista ético, un inmenso cubo de basura intelectual. Con ellos no va a levantar cabeza Catalunya. El único futuro digno de esta caterva de sinvergüenzas es la completa extinción política y la refundación, no de CDC, sino del catalanismo todo.

MAL COMIENZO DEL “NUEVO” PARTIDO

Para inaugurar su nueva andadura, comienzan, en fin, los convergentes, usurpando la sigla de un partido ya registrado. Otro indicio, como la barahúnda indecente del mitin, de que en realidad estamos ante el habitual paternalismo pujolista respecto de la sociedad civil catalana. En lugar de poner a votación unas denominaciones y siglas que previamente hubiéranse verificado disponibles -algo tan fácil como examinar el registro de partidos políticos-, agarran primero el trozo de pollo con las manazas y luego se “enteran”, como por casualidad, de que otros ciudadanos catalanes ya estaban sentados a la mesa. ¿Existen, pueden existir, sin embargo, “otros” ciudadanos catalanes que osen “pasarles por delante” a los convergentes? Ni siquiera se les había “ocurrido” pensar en semejante posibilidad. Les sale de dentro, espontáneamente, esa chulería mafiosa del ceporro rural endomingado que se considera a sí mismo el hijo del terrateniente. Como una plaga de langostas, arrumban con todo y dejan a su paso la devastación de la eterna celebración de sí mismos en que pretenden vivir porque ellos no están, “son” Catalunya y “merecen” lo mejor del festín. ¡Hete aquí la famosa “refundación” de CDC! La continuidad de la banda de matones de la patronal, salvados por el Generalísimo (y por Hitler) de las pistolas de la CNT y el PCE, que siempre se consideraron los propietarios del país. Muestran recurrentemente y sin decoro su incurable prepotencia, el desprecio hacia el derecho y la moral que les ha caracterizado y conducido a la infamia de verse obligados a cambiar el nombre de su formación política para disimular el hedor a mierda que rezuman. No aprenden, son incapaces de aprender porque hacerlo implicaría admitir una imperfección, la renuncia de iure a su condición de élite. Esperemos que el pueblo catalán sí hayamos aprendido de la espantosa experiencia convergente. Y comprendamos también que la transición política a la democracia concluye en Cataluña precisamente con la muerte de Pujol y la desaparición de éstas, en realidad, sus últimas estructuras franquistas.