EL PRESIDENTE ESTÁ LOCO. Después de innumerables provocaciones previas —ruptura del acuerdo nuclear, bloqueo económico, invasión israelí del espacio aéreo sirio e iraquí, etc.— y de terminar asesinando al número 2 del régimen iraní, Donald J. Trump les exige a sus víctimas que no osen tomar represalia alguna, bajo la amenaza de destruir decenas de objetivos civiles que incluyen bienes culturales declarados patrimonio de la humanidad. Es un buen momento para preguntarse, en serio, si estamos ante un perturbado mental. Trump no le ha dejado a Irán otra opción que responder y, si el mandatario norteamericano tuviera un poco de sentido común, debería entender esto sin demasiado esfuerzo. Pero en la burbuja mental autista de este energúmeno, nutrida de supremacismo bíblico (“pueblo escogido”), no queda mucho sitio para la racionalidad. En efecto, los EEUU e Israel representan, a tenor de su belicismo mesiánico delirante, la más grave amenaza actual a la paz mundial. Trump necesita —para decirlo con brevedad— una camisa de fuerza política que supla su pedestre ignorancia en materia de relaciones sociales. Hay que aislarlo diplomáticamente antes de que provoque, con sus egocéntricas reacciones emocionales e irresponsables de niño malcriado, una escalada militar de consecuencias letales irreversibles.

Figueres, la Marca Hispànica, 6 de enero de 2020

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