LOS HECHOS SON TOZUDOS Y AVALAN LA VERSIÓN CHINA SOBRE EL ORIGEN DE LA PANDEMIA. El papel de los medios de comunicación occidentales está siendo, una vez más, tan vergonzoso, que pone en entredicho la famosa libertad de expresión imperante en las “democracias” liberales. No nos consta ni un solo análisis objetivo y serio sobre unas evidencias que en estos momentos son ya incontestables. La prensa oligárquica corporativa desempeña la función que se espera de ella: la propaganda implementada por obedientes lacayos del poder sionista. Tenemos distintos medios, sí, pero todos ellos son versiones, más o menos obscenas, del Washington Post, la gran ramera periodística de Sión. No se puede pretender, en efecto, sin hacer auténticos malabarismos de trilero intelectual, que los militares extranjeros se contagiaron en Wuhan en octubre de 2019 cuando el primer caso diagnosticado de un civil chino infectado es de diciembre del mismo año. La tarea de las presstitutas consiste en difuminar esta evidencia con una rica panoplia de sofismas y marrullerías que sólo pueden engañar a los ignorantes, a los cretinos y a quienes ya están convencidos de la culpabilidad china sin necesidad de acreditarla con fundamento alguno.  

El mercado de Huanan, en Wuhan, se encuentra, según el gobierno chino, en las proximidades del hotel donde se alojaron los militares estadounidenses.

La razón es obvia: la fulminante velocidad de propagación del virus, que en todos los países afectados por la pandemia conocemos muy bien. Para que los deportistas extranjeros se contagiaran en Wuhan, el virus tenía que estar ya muy extendido entre la población autóctona. Y esto es imposible que sucediera sin el previo estallido del brote. Wuhan tiene doce millones de habitantes y los deportistas extranjeros eran menos de 10.000, alojados en residencias especiales. ¿Qué posibilidades existen de que decenas de militares se contagiaran en Wuhan si miles de wuhaneses no estaban ya infectados? ¿Cómo pudo China ocultar que sufría un brote ya en octubre? No se sostiene. De ahí que, incluso El Confidencial, entre otros medios oligárquicos, tenga que reconocer el impulso adquirido desde hace unos días por las presuntas teorías de la conspiración, cuando no se trata de teoría alguna, sino de hechos mondos y lirondos.  Hete aquí el titular de El Confidencial:

Vuelve la conspiración definitiva: ¿fueron los juegos de Wuhan la centrifugadora del covid? Las conjeturas de que los juegos militares celebrados en octubre en Wuhan pudieron haber sido la centrifugadora del coronavirus cobran fuerza de nuevo. Factible, pero improbable.

Parece más probable, al parecer, que los autóctonos chinos infectados en diciembre viajaran en el tiempo para contagiar a los militares extranjeros de la OTAN en octubre. La fe mueve montañas y ya sabemos que, para el cabalista judío 2 + 2 = 6, porque la lógica es cosa del demonio. La teoría del mercado de mariscos se ha, empero, derrumbado. Sería fructífero preguntarse por la importancia de la comida en la presunta religión judía. La simulación talmúdica del Event 201 nos explicaba que el cerdo, animal impuro por excelencia para los judíos, terminaba infectando a los humanos que lo consumían.

EL JOHNS HOPKINS CENTER DE EEUU PREDIJO LA PANDEMIA DOS MESES ANTES DEL BROTE DE WUHAN

Conviene añadir ahora que el marisco es también un alimento prohibido en el régimen kosher. Mercado de mariscos significa, pues, lugar satánico, de perdición. La página judía Infobae describe ese mercado en términos etnocéntricos y teológicos, acusando a los pecadores chinos de alimentarse con todo tipo de animales salvajes que, sin embargo, nada tienen que ver con el coronavirus y que, no por ser extraños a la dieta occidental o a la prescripción judaica, inculpan a los chinos por la pandemia:

Los mercados chinos repletos de fauna silvestre son un hervidero de nuevos virus. El mercado típico de China tiene frutas y verduras, cortes de res, cerdo y cordero, pollos enteros desplumados (con las cabezas y picos), así como cangrejos y peces vivos, que arrojan agua de las peceras motorizadas. Algunos mercados venden cosas más inusuales, como serpientes vivas, tortugas y cigarras, cuyos, ratas de bambú, tejones, erizos, nutrias, civetas de las palmeras e incluso lobeznos. Los mercados son característicos de varias ciudades chinas y ahora, al menos por segunda vez en dos décadas, han sido la fuente de una epidemia que ha diseminado el miedo, agobiado a la burocracia del Partido Comunista y expuesto los riesgos epidemiológicos que pueden surgir en lugares donde convergen los humanos y la fauna silvestre. El nuevo coronavirus, que ha cobrado al menos 56 vidas y enfermado a más de 1370 personas en China y en todo el mundo, se cree que se propagó precisamente desde uno de estos lugares: un mercado de venta al mayoreo en Wuhan, una ciudad en el centro de China, donde los vendedores comerciaban de manera legal con animales vivos en condiciones de hacinamiento. “Así es como surgen enfermedades nuevas y nacientes que la población humana nunca antes ha visto”, afirmó Kevin J. Olival, biólogo y vicepresidente de investigación en EcoHealth Alliance, una organización de investigación sin fines de lucro, que le ha dado seguimiento a brotes anteriores. Si bien la trayectoria exacta del patógeno no ha sido establecida, funcionarios del gobierno y científicos dijeron que la nueva enfermedad tenía similitudes ominosas con el brote del SARS (por su sigla en inglés, que en español significa síndrome respiratorio agudo grave), a finales de 2002, cuando murieron casi 800 personas y se enfermaron miles más en todo el mundo. Ahora, conforme el gobierno lucha por contener la ira del público por el brote, debe enfrentarse a exigencias de que haga más para regular la venta de la fauna silvestre, o incluso que la prohíba. Asimismo, también debe responder a cada vez más preguntas sobre por qué las cosas han cambiado tan poco en los diecisiete años desde el brote de SARS. En suma, el SARS fue rastreado a un coronavirus que saltó de los murciélagos a las civetas de las palmeras, una criatura con rasgos felinos considerada una delicia en el sur de China, y luego saltó a los humanos que participaban en el comercio de la vida silvestre. Según los funcionarios y científicos, el nuevo virus también parece que se originó en los murciélagos y luego saltó a otro mamífero, aunque aún no se sabe a cuál.

Seguramente, un cerdo, como prescriben los verdaderos promotores de la pandemia (desconocemos la lista de asistentes al Event 201, que sus organizadores mantienen celosamente en secreto). ¿Por qué esta obsesión judaica, kosher, por la dieta china? Conviene recordar que no existe ninguna conexión demostrada entre la ingestión de determinados alimentos y el Covid-19. El virus se transmite de persona a persona, no a través de de un animal cocinado. Los Angeles Times nos da una versión muy diferente del tipo de mercados tradicionales que existen en China:

Comentario: No, los mercados de alimentos frescos de China no causaron el coronavirus. En la cobertura de algunos medios de comunicación sobre el coronavirus, los periodistas equivocan los mercados “húmedos” con los de vida silvestre. Sin embargo, la mayoría de los mercados húmedos no son vida silvestre, y confundirlos es peligroso. Los mercados “húmedos” son en China los mercados de alimentos frescos, como se ven en todo el mundo en desarrollo y en muchas partes de Europa, donde pequeños puestos venden verduras frescas y los carniceros ofrecen carnes, principalmente de cerdo. Son el mercado diario para decenas de millones de chinos que prefieren hablar con quienes les venden productos, carne, mariscos y tofu, y en las ciudades chicas a menudo son la única exposición para los pequeños agricultores que no pueden cumplir con los requisitos para abastecer a los supermercados (aun así, es importante diferenciar: la mayoría de los mercados “húmedos”, especialmente en las grandes ciudades, pueden parecer mercados de agricultores pero le compran a los mismos proveedores mayoristas que los supermercados). Son una piedra angular del sistema de distribución de alimentos de China y tienen beneficios para la sociedad tanto tangibles como intangibles, desde una mejor nutrición para los niños hasta relaciones interpersonales más fuertes. Bautizados en honor a su origen al aire libre, donde el suelo se regaba todo el día, son la columna vertebral tradicional del sistema de suministro de alimentos de China. En un sentido estético, son un antídoto para el mundo estéril y envuelto en plástico de los supermercados, que intentaron reemplazarlos pero sin éxito. A principios de la década de 2000, China implementó una política llamada nong gai chao o la sustitución de los mercados “húmedos” por supermercados, en un intento por mejorar las ciudades y modernizar los mercados “húmedos”. Después de un par de años, y un auge en el número de supermercados de compañías extranjeras como Carrefour y locales como Hualian, los clientes siguieron fieles a sus mercados “húmedos” para adquirir la mayoría de los alimentos frescos, mientras que recurrieron a los grandes supermercados para compras adicionales y de productos secos. Los mercados “húmedos” son una reserva de diversidad en una era de consolidación y racionalización, y una cobertura contra la supermercadización de los alimentos de China. Lejos de ser reemplazados por supermercados, los mercados “húmedos” han mejorado el saneamiento y la higiene y siguen prosperando. Sólo en Shanghái, había casi 1.000 a partir de 2019. Después de una renovación que duró varios meses, el mercado “húmedos” al que iba a diario en la antigua Concesión Francesa de Shanghái reabrió el mes pasado, con pisos de terrazo y puertas con ventanas. No es la norma; es un modelo.

Pero la teoría del mercado de mariscos de Wuhan en cuanto origen del coronavirus se ha derrumbado ya. Veamos ahora cómo lidia El Confidencial con la evidencia de los hechos:

Más de 10.000 atletas, 110 naciones y una ciudad: Wuhan. Las especulaciones de que la séptima edición de los Juegos Mundiales Militares pudieron haber sido la centrifugadora planetaria del coronavirus cobran fuerza de nuevo después de que cada vez más atletas internacionales presentes en la cita —celebrada entre el 18 y el 27 de octubre de 2019 en el epicentro de la pandemia— aseguren haber sufrido síntomas asimilables al covid-19. Una conjetura que suena factible, pero que es altamente improbable. Conviene recordar que los primeros en enredar con esta teoría fueron los propios chinos, quienes a día de hoy todavía no reconocen Wuhan como origen de la epidemia. La versión inicial de Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, es que habrían sido los propios militares estadounidenses los que introdujeron el virus en el país durante el evento deportivo. Una cábala tan carente de respaldo científico o documental como la que difunde Donald Trump sobre que el virus salió de un laboratorio en Wuhan. Pero estos días, los juegos militares de Wuhan vuelven a sonar en los titulares. Varios deportistas en Francia, Italia, España y Suecia aseguran haber pasado la enfermedad tras viajar a China. Unas conclusiones difíciles de corroborar que siembran aún más confusión sobre la cronología de la pandemia y dan fuerza a las turbias aguas del molino de la conspiración.

¡Carente de respaldo científico o documental! Disponemos de los testimonios de los militares afectados y las estupefacientes fechas del contagio. ¿Les parece a los periodistas Enrique Andrés Pretel y Carlos Barragán poca evidencia documental? En lugar de explicar cómo fue posible dicha infección tres meses antes del brote de Wuhan, estos profesionales de la desinformación se dedican a utilizar adjetivos: enredar, carente de respaldo —y el más gracioso en su boca a pesar de que no trabajan a sueldo del The Hufftington Post: cábala. Unas conclusiones difíciles de corroborar —según ellos— sobre todo porque, por ejemplo, las autoridades francesas se niegan a practicar pruebas a sus atletas. ¿Tan difícil es testar a los testimonios? Difíciles de corroborar en la medida en que las autoridades suecas confinaron a sus deportistas contagiados y les conminaron a cerrar la boca:

En “El Mundo”, “Crónica”, 10 de mayo de 2020, p. 45.

Los 12 deportistas de las fuerzas armadas suecas también presentaron fiebre alta y graves problemas respiratorios al regresar. Según algunos medios de Suecia, los atletas que estuvieron en Wuhan fueron confinados en la base militar de Boden y obligados a no hablar con nadie. 

Difíciles de corroborar porque las autoridades militares españolas niegan que sus atletas hayan padecido el coronavirus en octubre a pesar de que no se les han realizado ninguna prueba y los afectados afirman lo contrario.

EJÉRCITOS DE LA OTAN OCULTARON EL TEMPRANO CONTAGIO DE WUHAN

El diario El Mundo se dedica entonces a enredar para intentar vendernos la moto del contagio en el mercado de mariscos con afirmaciones como la siguiente:

Si miramos un informe publicado en la revista médica The Lance por médicos del Hospital Jinyintan de Wuhan, se estableció la fecha de la primera infección conocida el 1 de diciembre. Y si leemos una información publicada por el diario South China Morning Post, en base a unos documentos del gobierno chino a los que accedieron, el primer caso se remontaría al 17 de noviembre. 

Pero el 17 de noviembre sigue siendo una fecha demasiado posterior, en términos de propagación del virus, para explicar un contagio producido en octubre. El periodista es consciente de ello y ha “buscado” algo más convincente que le sea de utilidad para sus necesidades de hasbara. Así las cosas, el inefable Lucas de la Cal apelará ahora a un presunto “informe” que le permita difuminar, al menos por un tiempo, las avasalladoras evidencias:

También podemos coger otro informe de un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge, que dice que el coronavirus no habría salido de Wuhan, sino del sur de China entre el 13 de septiembre y el 7 de diciembre. 

¡Entre el septiembre y diciembre! Menuda exactitud. ¿Cómo pudo brotar allí en septiembre sin que estallara un brote en el “sur de China” mucho antes que el brote de Wuhan? Absurdo. Un parche. No cuela. Pero el periodista, ansioso de servir al pueblo escogido, ha seguido hurgando en internet —o ha sido asesorado directamente por las cloacas del Estado— a la caza de coartadas. Remata así su trabajo de propaganda con una nueva fábula rabulística:

Y, por último, esta semana hemos conocido otro estudio de los investigadores del University College de Londres que considera que el patógeno de murciélago podría haber dado el salto a los humanos entre el 6 de octubre y el 11 de diciembre. Si se confirmara este último estudio, sería bastante probable que durante los Juegos Militares de Wuhan, el coronavirus ya estuviera expandiéndose por la ciudad y que algunos deportistas, como han manifestado, pudieran haberse infectado. 

En el diario “El Mundo”, “Crónica”, 10 de mayo de 2020, p. 45.

Q. E. D. (Quod erat demonstrandum). Obsérvese como se van estirando las fechas de la horquilla desde diciembre hasta el 17 de noviembre y finalmente los inicios del mes de octubre, justo antes de los Juegos Militares Mundiales. ¿Por qué? Porque son precisamente las fechas, la cronología de la pandemia, la que nos ofrece la clave de quién la provocó. Una horquilla de tres meses no compromete a nada, pero es literalmente insostenible, porque el Covid-19 no puede estar contagiando durante tres meses sin dejar ni rastro. Ya puede firmar el “informe” el University College de Londres (váyase usted a saber de qué clase de entidad estamos hablando) o la Universidad de Cambridge, la luna es redonda y las tasas de contagio del coronavirus son las que son, de suerte que semejantes períodos de propagación silenciosa no se sostienen, estamos ante coartadas de apariencia científica para encubrir el crimen de lesa humanidad perpetrado por militares de la OTAN siguiendo las órdenes de los neocon sionistas del Pentágono

Figueres, la Marca Hispànica, 15 de mayo de 2020.

¿QUIÉN INVENTÓ EL BULO DE LAS ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA IRAQUÍES?

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