DECLARACIONES DELIRANTES DEL PRESIDENTE ESTADOUNIDENSE. Las más ridículas teorías de la conspiración han sido inventadas por creyentes cristianos y comparten idéntico meollo teológico: la rebelión de Luzbel, portador de la razón y la ilustración, contra Dios —el dios judío Yahvé, por cierto— que caracterizaría presuntamente la Modernidad europeo-occidental. Illuminati, satanistas pedófilos, ateos nihilistas, racionalistas, reptilianos y tutti quanti nutren las muchas variantes del conspiracionismo, pero el fondo es siempre el mismo: el mal absoluto contra el bien absoluto; el vicio contra la virtud; los malos muy malos contra los buenos buenísimos… Quienquiera que no comparta el dogma del tarado bíblico de turno pasa a ser sospechoso de actuar, lo sepa o no, como un presunto instrumento del demonio. De ahí a apresarlo en una cárcel secreta de la CIA y arrojarlo a la hoguera hay sólo un paso. Pero los auténticos conspiradores son precisamente los fundamentalistas bíblicos judeo-cristianos: la conspiración para instaurar el dominio mundial de Yahvé constituye la definición misma de su doctrina. Hecho que no les impide imputar a los infieles o supuestos adversarios el tipo de prácticas que les caracterizan a ellos precisamente, a saber, el subrepticio modo de proceder judaico desde la cristianización del Imperio romano. De semejante impostura proceden las actuales “teorías” de la conspiración inventadas por los verdaderos conspiradores con el fin de encubrir sus propias fechorías. En la actualidad, el conspirador por excelencia es Donald J. Trump. Y si existe una amenaza de dictadura en ciernes no será comunista, atea o illuminati, sino judeo-cristiana, con Israel como sede universal de una fe anti-moderna y oscurantista que pretende conducirnos a una nueva Edad Media. 

DEL ABATE BARRUEL AL JUDAÍSMO

La primera versión de estas fábulas para tontos es la del abate Barruel, quien interpretó la Revolución Francesa como una conspiración de los filósofos orquestada para destruir la Iglesia católica e impedir el advenimiento del Reino de Dios. Dicho reino no es ni más ni menos que un proyecto político de dominación mundial perpetrado por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana: ¿no constituye esto algo así como una conspiración?

En su formulación matriz u originaria —que reservaba un papel decisivo a los masones en cuanto sirvientes del demonio— participaban todavía “los judíos” y representa una de las fuentes del antisemitismo cristiano moderno. Después de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos cristianos han osado ya insistir en ese aspecto de la cuestión, pero los cristianos evangélicos recuperaron una suerte “conspiracionismo sin judíos” colocando éstos, antes bien, en el centro del relato aunque esta vez no como aliados del demonio sino como “pueblo escogido”, cuyo retorno a Israel marca el inicio del final de los tiempos.

Sobre dicha base narrativa se han ido construyendo las “teorías” conspiracionistas actuales que entrañan el retorno a una versión pre-católica de la conspiración todavía más antigua que la del abate Barruel. En efecto, las teorías conspiracionistas todas remiten, en última instancia, al judaísmo, creencia religiosa que profetiza el dominio mundial de los judíos y considera a los no-judíos seres de una especie diferente destinados a servir al “pueblo escogido”. De manera que los no-judíos que rechacen someterse al poder de Yahvé conspirarían, de alguna manera, contra los judíos para impedir que se cumpla el mandato divino. Y merecen, por ello, la muerte (anatema bíblico). El conspiracionismo representa así un subproducto del racismo supremacista judío.

EL JUDAÍSMO Y LA ESCLAVIZACIÓN DE LOS GENTILES SEGÚN MAX WEBER

Trump, el “elegido” por Dios: una “profecía” con trasfondo electoral

AGOSTO 23, 2019 7:09 PM

Washington —  Donald Trump alzó la cabeza hacia el cielo y proclamó: “Soy el elegido”. El vídeo inundó las redes como una broma, una nueva salida de tono del mandatario. Pero esa “profecía” circula hace años entre sus votantes evangélicos, y se ha colado en su discurso justo a tiempo para su campaña de reelección.

El comentario de Trump, pronunciado este miércoles durante una improvisada conferencia de prensa, parecía a simple vista una forma extravagante de promover su argumento de que solo él se ha atrevido a hacer frente a las prácticas comerciales de China, después de décadas de inacción por parte de sus predecesores en la Presidencia.

Pero, poco antes, Trump había dado las gracias en Twitter a un comentarista de extrema derecha, Wayne Ally Root, por haberle descrito como el “Rey de Israel” y como alguien que, para los judíos israelíes, representa algo parecido al “segundo advenimiento de Dios”.

Ese discurso no es nuevo entre los votantes evangélicos blancos de Trump, un grupo cuyo apoyo incondicional ha supuesto un balón de oxígeno para un presidente que se siente infravalorado por buena parte de la población, y que quiere convertir su ferviente respaldo a Israel en un punto clave de su campaña de reelección en 2020.

“El comentario de Trump no es una simple broma: refleja ideas que llevan tiempo expresando algunos líderes religiosos que consideran que Trump ha sido seleccionado por Dios para liderar este país”, dijo a Efe una experta en política y religión en la Universidad del Sur en Sewanee (Tennessee), Andrea Hatcher.

En 2016, mientras el aparato del Partido Republicano contemplaba con horror el ascenso imparable del entonces magnate inmobiliario, la derecha cristiana tomó la pragmática decisión de apoyar a un candidato que, si bien no encajaba con su moral, sí podía ayudarles en prioridades políticas como la lucha contra el aborto.

Destacados líderes evangélicos blancos comenzaron entonces a comparar a Trump con figuras bíblicas como el rey David, especialmente cuando salía el incómodo tema de los adulterios del aspirante republicano.

Pero fue el rey Ciro el Grande, fundador del primer imperio persa en el siglo VI antes de Cristo, quien se convirtió en el principal espejo de Trump para los predicadores de la derecha religiosa.

“Con Trump, creo que tendremos un Ciro para navegar a través de la tormenta”, dijo hace tres años, en una entrevista televisiva, el comentarista evangélico Lance Wallnau.

El Antiguo Testamento retrata al rey Ciro como un “conducto” elegido por Dios para ayudar a devolver a los judíos a su tierra prometida, un hombre fuerte que, al conquistar Babilonia, permitió el regreso a Israel de quienes se encontraban en el exilio.

En el mismo sentido, los evangélicos más fundamentalistas ven a Trump como “una figura no creyente posicionada por Dios para devolver el poder a los cristianos (en EE.UU.), un poder que creen que les ha sido arrebatado por los laicos, los demócratas y los progresistas”, explicó Hatcher.

La narrativa de Trump como heredero espiritual de Ciro se reforzó el pasado febrero, cuando la organización religiosa israelí Mikdash emitió una moneda conmemorativa que mostraba al presidente junto al histórico rey persa, en honor a la decisión del mandatario de trasladar a Jerusalén la embajada estadounidense en Israel.

Otros líderes evangélicos son más directos, y llevan tiempo repitiendo la palabra que Trump pronunció esta semana mientras miraba al cielo.

“(En 2016 le dije a) Trump: usted va a ser elegido presidente de los Estados Unidos, y si eso ocurre, será porque Dios tiene un gran plan para usted y para nuestro país”, aseguró este mes el pastor evangélico Robert Jeffress en una entrevista con el Washington Post.

Y Paula White, que junto a Jeffress es la líder evangélica más cercana a Trump, proclamó en 2017 que el mandatario había sido “elevado por Dios”, azuzando un discurso que lleva a muchos en la derecha religiosa a referirse al presidente como “rey”.

El hecho de que Trump repita ahora esa idea “sugiere un delirio mesiánico que resulta peligroso, porque elevar a una única figura política al estatus de ‘elegido’ es algo contrario a la democracia”, opinó Hatcher.

No puede descartarse, según la analista, que ese nuevo “estatus divino” pueda envalentonar a los seguidores más violentos de Trump, como los supremacistas blancos, porque “al fin y al cabo, criticar a un presidente es una cosa, pero criticar a un mesías es blasfemia”.

Es probable que Trump vuelva a describirse como el “elegido” antes de las elecciones, pero será difícil que ese discurso le ayude a ampliar su base, o a convencer a uno de los grupos de votantes que más anhela conquistar: los judíos, a los que esta semana llamó “desleales” por su respaldo abrumador a los demócratas.

Fuente: https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2019-08-23/efe-4048882-15707004-20190823

Trump se apresta, en este sentido, a promover el cumplimiento de la profecía judía, una pretensión que, como hemos visto, este payaso cruel reconoció públicamente a pesar de que en los medios de comunicación españoles no le hayan dado ninguna importancia. 

Figueres, la Marca Hispànica, 1 de octubre de 2020

UN PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA AFIRMA QUE EL JUDÍO SIONISTA JARED KUSHNER ES QUIEN MANDA EN LA CASA BLANCA

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