TRUMP HA DICHO Y REPETIDO QUE SÓLO ACEPTARÁ UNA VICTORIA ELECTORAL. Las prospectivas sobre una crisis de legitimidad gravísima en EEUU tras un resultado de las elecciones demasiado ajustado parten del supuesto del que existe un enfrentamiento real entre Donald Trump y Joe Biden. Sin embargo, otros enfoques interpretativos son posibles y quizá más coherentes con un dato esencial: la idiosincrasia judeo-cristiana de la oligarquía. Quien, en efecto, gobierna en ese país no se presenta a las elecciones. Y los dos candidatos siempre en liza en las elecciones presidenciales norteamericanas son actores que representan sus papeles. Debe escenificarse una rivalidad —puramente ficticia— para que el verdadero amo de la política estadounidense permanezca cómodamente apostado en la sombra moviendo los hilos de sus títeres. Dicho esto, las posibilidades de que las elecciones concluyan con un enfrentamiento civil que justifique un golpe de Estado militar y abola de facto la democracia en América parecen esfumarse. ¿O no? Parecen esfumarse a menos que la propia oligarquía financiera pretenda perpetrarlo. Y que las violencias entre republicanos y demócratas —con sus respectivos grupos armados enfrentándose a tiros en las calles hasta la intervención del ejército— formen parte de la narrativa que conducirá, como en Roma, de la República al Imperio. Trump representaría así la gran coartada de Biden y, en última instancia, de la oligarquía. Todo ello con el fin de preparar las condiciones y requisitos institucionales inexcusables—sobre cuyos detalles sólo podríamos especular, pero que en todo caso pasarían por la figura del judío Jared Kushner— para la instauración de una dinastía imperial mundial que dé cumplimiento a la profecía bíblica del mesías judío.

DONALD J. TRUMP: “YO SOY EL ELEGIDO POR DIOS”

LA TESIS DE UN ENFRENTAMIENTO REAL ENTRE TRUMP Y BIDEN

Demócratas y republicanos encarnan, según esta tesis, las dos almas de la nación. Una sería religiosa, rural, productiva, nacionalista y conservadora. Atea, urbana, financiero-especulativa, globalista y progresista la otra. Esta concepción ha sido acríticamente avalada incluso en sitios de extrema izquierda y no queremos ahorrarle al lector el trabajo de documentarse sobre ella para que se forme un juicio lo más completo posible. Transcribimos a continuación un artículo de Rebelión que parte de dichos supuestos y, acto seguido, expondremos los motivos de nuestra discrepancia:

¿Es posible un golpe de Estado en Estados Unidos contra Donald Trump?

Por Alejandro López-González | 16/09/2020 | EE.UU.

Fuentes: Rebelión

Si revisamos la historia reciente de Estados Unidos, podríamos decir que aunque no haya habido golpes militares, sí ha habido presidentes derrocados por un Estado oscuro que opera detrás de las luces de las cámaras y flases de la prensa presidencial.

Introducción

La posibilidad del golpe de Estado en nuestro país vecino del norte parece, seguramente, muy remota o descabellada para muchos de quienes ahora me leen. Por otro lado, la posibilidad de una guerra civil podría sonar a película distópica o al argumento de una novela de ficción o de una sería apocalíptica de Netflix. Hace algunos años, Marcelo Colussi publicó un artículo cuyo título evocaba el dogma latinoamericano que reza que “En EE.UU. no hay golpes de Estado porque no hay embajada americana”. Eso es cierto, en Estados Unidos no hay embajada estadounidense, pero hay dos Estados paralelos que muchas veces se confunden en uno solo, pero que son muy distintos y antagónicos. Si revisamos la historia reciente, podríamos decir que, aunque no haya habido golpes militares, sí que ha habido presidentes derrocados por un Estado oscuro y desconocido y que opera detrás de las luces de las cámaras y flases de la prensa presidencial.

El 27 de abril de 1961 el expresidente J.F. Kennedy afirmó que en Estados Unidos había sociedades secretas u operadores políticos detrás de bastidores que pretendían controlar el rumbo de esa nación en contra de la voluntad ciudadana y a favor de una agenda privada y secreta, contraria a los intereses de la mayoría. Todos sabemos el destino del expresidente Kennedy. No voy a hacer un recuento histórico de las conspiraciones dentro de los Estados Unidos, sólo quiero evidenciar que no hay un poder monolítico, único o hegemónico dentro de ese país. No hacen falta embajadas americanas en Washington para conspirar contra quienes se oponen a la agenda global privada de las élites financieras, no hace falta una embajada cuando estos operadores están entrelazados con el mismo estado e instituciones públicas de ese país.

El tristemente célebre Richard Nixon representa un caso curioso de claro derrocamiento de un presidente. Nixon, que había sido vicepresidente con Dwight Eisenhower entre 1953 y 1961, fue asimismo quien puso en marcha la diplomacia secreta que en 1973 sacaría de Vietnam las tropas de combate de EE.UU. tras una guerra que desgarró a la sociedad, con más de 58.200 muertos norteamericanos, y erosionó el ya decadente prestigio mundial de Washington. Tras una visita a Moscú, durante la cual se reunió con el secretario general del Partido Comunista, Leonid Brezhnev, Nixon negoció y firmó el primer pacto integral de límites a las armas nucleares estratégicas de ambas superpotencias, y un tratado que prohibió el desarrollo de sistemas para interceptar misiles. En la política interna, Nixon tuvo iniciativas que indigestarían a los republicanos conservadores de 2014: la creación de la Agencia de Protección Ambiental, la Ley de Aire Limpio, la Agencia de Seguridad y Salud Laboral, los esfuerzos para completar la integración racial en la educación y el apoyo a una enmienda constitucional sobre igualdad de derechos de las mujeres. Pero todo esto fue detenido y cortado de tajo con el escándalo de WaterGate que lo expulsó de la presidencia de Estados Unidos y lo envió al pozo séptico de la historia de ese país.

Ni Nixon ni Kennedy son políticos de los que podríamos decir que fueron especialmente amistosos con América Latina, pero sí eran bastante incómodos para las élites financieras que comenzaban a apoderarse del control absoluto de la política estadounidense, y eso es suficiente para sacarlos de circulación violentamente (Kennedy) o institucionalmente (Nixon).

¿Qué sucede hoy en los Estados Unidos?

Hoy gobierna en Estados Unidos un outsider llamado Donald Trump. ¿Qué significa esto de que es un outsider? Significa que Trump, para bien o para mal, no es un hombre del Estado profundo norteamericano. Es un patán, un xenófobo, machista, un nacionalista radical, un proteccionista, un fundamentalista religioso, sí, es todo eso, pero no pertenece al club de patanes, xenófobos, fundamentalistas, machistas y globalistas que desde la muerte de Kennedy, derrocamiento de Nixon y, finalmente, del triunfo electoral de George W. Bush, dominaban a su antojo todas las políticas del Estado norteamericano a través de sus operadores asalariados directos como Barack Obama, Hillary Clinton, Joe Biden, George W. Bush, Condolezza Rice o Dick Chenney. La sede del poder globalista no está en ninguna capital, ciudad o país particular, sino a través del mundo entero. Sin embargo, podría decirse que la ubicación simbólica del poder de esta élite es Wall Street y la City de Londres (imperio británico). En este contexto, la situación actual de independencia y autonomía de Trump respecto a los intereses particulares de esas elites es intolerable para ellos.

Entendamos que esta lucha interna nada tiene que ver con una lucha del bien contra el mal o de una lucha con un noble espíritu social y democrático, es una lucha intestina por el control de la vida de los ciudadanos del país más poderoso del mundo. Por el control de la granja humana más productiva del planeta y del ejército más poderoso que ha conocido la humanidad, para ponerlo al servicio de intereses privados particulares de las élites sinarquistas y ocultistas globales (como lo hicieron Bush, Chenney, Obama, Biden y Hillary) en contra de lasélites industriales estadounidenses. La contraparte, representada hoy por Donald Trump, lo que pretende es poner a esta granja humana estadounidense al servicio del aparato industrial productivo nacionalista, patriótico, idealista (en el sentido filosófico de la palabra) y cristiano protestante de los Estados Unidos. Es la lucha entre las élites globalistas que pretenden una reducción de la población a través de la promoción de las ideologías pragmáticas amorales, ateístas y nihilistas en contra de los industriales, trabajadores y granjeros con valores espirituales diversos entorno al cristianismo cultural, patrones morales conservadores y valores patrióticos basados en la visión de países nacionales soberanos. Repito, no es una lucha entre buenos y malos, cada uno es libre de asumir una u otra posición en esta lucha global que hoy tiene su frente de batalla más inmediato en los Estados Unidos.

Desde la caída del Muro de Berlín y el derrocamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por parte de las élites globalistas, las ideologías socialistas, comunistas y sus respectivos partidos socialistas y partidos comunistas en todo el mundo han pasado a un segundo plano. Hoy, los partidos socialistas y comunistas son cascarones vacíos, perdidos en una cosmovisión decimonónica, han perdido el pulso a la realidad socioeconómica mundial y, en este sentido, son como banderas que se llevan por el viento hacia uno y otro lado, según las condiciones domésticas particulares y muy folclóricas de cada país, más allá de las cuales no son capaces de entender la complejidad del mundo del siglo XXI. Hoy no son nada más que clubes domésticos folclóricos, desde una perspectiva global, planetaria, mundial, o desde una perspectiva de la humanidad como especie dominante sobre este planeta. No han asumido la nueva visión del mundo, no han entendido el cambio en la lucha por la supervivencia humana y son sólo peones en manos de las vanguardias que pugnan por el poder mundial (globalistas y patriotas) y muchas veces son utilizados como masa de choque de uno de los bandos contra el otro y viceversa (pero de este tema hablaré en otro artículo).

El golpe de Estado contra Donald Trump

En un video publicado por Soberanía & SV (Ver video de Soberanía Venezuela) extracto del primer panel de la conferencia del Instituto Schiller del 5 y 6 de septiembre, el coronel (ret) Richard H. Black, exsenador del Estado de Virginia, y exoficial del Cuerpo de Abogacía General de la Marina de Estados Unidos (JAG en sus siglas en inglés), señala que hay generales retirados que ahora se han puesto en activo en una conspiración militar contra el Presidente Donald Trump. El coronel Black señala que estos generales están violando la Sección 88 del Código Uniforme de la Justicia Militar. Da los nombres y dice qué es lo que el Presidente debería ordenar que haga a Mark Esper, Secretario de Defensa, si es que este no lo hace por iniciativa propia. Los generales insurrectos han utilizado la publicación Defense One para promover el derrocamiento de Donald Trump. Esta publicación ahora es propiedad de la compañía Atlantic Media, en especial de Laurene Powell Jobs, quien ha sido crucial en el financiamiento a la campaña política que respalda a Kamala Harris (candidata a vicepresidenta por el Partido Demócrata).

Además, Atlantic Media publica también la revista The Atlantic que propaga la narrativa de que Trump está denigrando a las fuerzas armadas y que no reconocerá su derrota en las elecciones presidenciales de noviembre de 2020. Por su parte, la asalariada de las élites globalistas Hillary Clinton ha dicho que Joe Biden no debe reconocer un triunfo electoral de Donald Trump porque este posible triunfo sería seguramente producto de un fraude. Esta situación es muy similar a las que han promovido el Estado profundo de los Estados Unidos, junto a las élites globalistas, en Venezuela durante 20 años. La revista Defense One, por su parte afirma que las fuerzas armadas de los Estados Unidos deben prepararse para sacar del poder a Donald Trump a partir del 20 de enero, cuando se niegue a entregar el poder (algo que Trump nunca ha dicho que estuviera pensando hacer).

La realidad socioeconómica de los Estados Unidos hoy, es decir, 50 millones de personas en situación de pobreza y un 25% de desempleo nacional (Ver video de Soberanía & S.V. – Soberanía Venezuela), no son para nada atribuibles al Gobierno de Trump, en esto hay que ser objetivos. La popularidad de Donald Trump, antes de la pandemia de COVID-19 y las protestas antirracismo y brutalidad policial, hacía ver imposible cualquier posibilidad de derrota electoral del presidente norteamericano. Trump aventajaba en más de 20 puntos a cualquier candidato del partido demócrata, antes de toda la debacle económica global producto de la pandemia de coronavirus. Sin embargo, actualmente la crisis económica, desempleo y mal manejo de la crisis sanitaria le han golpeado en su popularidad y lo han puesto a 8 puntos por debajo de Joe Biden, aunque Trump se viene recuperando rápidamente y esto sigue preocupando a las élites globalistas y sus empleados asalariados del partido demócrata de los Estados Unidos. El 18 de Diciembre de 2018, la cámara de los lores del Reino Unido hizo público un informe en el que se anuncia que el poder británico debe detener a como dé lugar [sic] cualquier probabilidad de reelección de Donald Trump (Ver video de Soberanía & S.V). Para eso, dice el informe, que se debe activar a todos los aliados políticos de Inglaterra dentro de Estados Unidos, para articular una estrategia de ruptura de la popularidad de Donald Trump. Pocas personas conocen del entrelazamiento de las agencias de inteligencia del Reino Unido con la CIA norteamericana (sería objeto de otro artículo el desarrollo de esta idea).

De acuerdo con el exdirector de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de los Estados Unidos, Bill Benney, en la conspiración contra Donald Trump, están involucrados directamente el expresidente Barack Obama y la ex secretaria de estado Hillary Clinton (Ver video de Soberanía & S.V – Soberanía Venezuela, sobre esta denuncia). La primera conspiración contra Donald Trump se articuló durante la transición entre el gobierno de Obama y Trump. En ese momento, se espió a Donald Trump con la finalidad de encontrar elementos que permitieran vincularlo con una supuesta trama de conspiración en la que Vladimir Putin y Rusia habrían apoyado a Trump en las elecciones de 2016 y hackeado el sistema para cometer un fraude contra Hillary Clinton. El exdirector de la NSA, Bill Benney, ha atestiguado en tribunales que esta posibilidad es insólita, no es posible que algo así haya sucedido y, de hecho, los tribunales han determinado que el llamado “RussiaGate” es un completo bulo, no existió ni hay posibilidades de que algo así haya ocurrido. Sin embargo, medios en poder de las élites globalistas siguen hablando como si el caso del “RussiaGate” fuera una realidad. En este sentido, la verdadera investigada por los tribunales en este caso es la ex secretaria de Estado Hillary Clinton (Ver video de Soberanía & S.V. – Soberanía Venezuela).

En definitiva, hay una conspiración clara y abierta contra Donald Trump en los Estados Unidos, sin embargo, los grandes medios de desinformación como CNN, no se hacen eco de esta trama político-militar para derrocar al presidente democráticamente electo de ese país. Es falso que haya habido una conspiración rusa y es cierto que hay una trama militar articulándose para derrocar a Trump en caso de que gane las elecciones. Existen otras vertientes de conspiración como es la promoción que hace el Partido Demócrata de un posible voto por correo que sea fácilmente manipulable para un fraude en contra del actual presidente, entre otras, que serían muy largas de detallar una a una en este artículo. El peligro mayor es que esta situación podría escalar a un conflicto civil enorme en caso de que las elites globalistas sigan adelante con sus planes de golpe de Estado contra Trump ya que los radicales de ambos bandos ya se enfrentan en las calles de los Estados Unidos y hay milicias armadas de civiles tanto del bando negro como blanco (Ver video de Soberanía & S.V – Soberanía Venezuela) que podrían desbordar a las fuerzas de orden público en cualquier momento y desatar un conflicto civil de grandes proporciones en ese país.

Fuente: https://rebelion.org/es-posible-un-golpe-de-estado-en-estados-unidos-contra-donald-trump/

Ni una palabra sobre el sionismo (judío o cristiano), la comunidad judía organizada y el Estado de Israel. Ominoso silencio en un texto que se quiere crítico y de izquierdas. Parece que el autor del artículo ignora completamente aportaciones como la obra del sociólogo James Petras. El artículo se basa, en cambio, en las tesis nada izquierdistas de Lyndon LaRouche (Instituto Schiller) y Anthony Sutton sobre cierta presunta conspiración nazi de una inexistente oligarquía fascista que sólo podría ser combatida con la oportuna recuperación de los valores liberal-conservadores y judeo-cristianos de los buenos tiempos… ¡los mismos que han desencadenado la situación actual! En efecto, esta parte concreta de lo expuesto por Alejandro López-González —no todo el material es desechable— derrúmbase ante el más mínimo contacto con la realidad.

Bastaría desgranar los hechos probados de la política de Trump durante los cuatro años de su mandato: 1/ en política exterior, apoyo total a Israel en la misma línea que la seguida por Obama y el Partido Demócrata (financiado por la oligarquía judía de forma masiva) desde hace décadas; 2/ en política interior, total impunidad para la oligarquía financiera de Wall Street, que ha continuado enriqueciéndose desde la gran crisis de 2008 pero también bajo el mandato de Trump.

Llegó al poder diciendo que iba a restaurar los derechos de la clase trabajadora. Pero quienes más se han beneficiado de su gobierno son los multimillonarios. Sus críticos aseguran que su llegada al poder es la reacción racista de los blancos contra las minorías. Pero en su gobierno la tasa de desempleo de negros e hispanos ha bajado a niveles históricos. Como ocurre en el análisis de tantas cosas del gobierno de Trump, llegar a conclusiones sobre su legado económico es complicado. Pero hay un tema en el que los analistas parecen estar de acuerdo: quienes más han ganado económicamente con su mandato son los más privilegiados. Beneficios para ricos. Eso le dice a BBC Mundo Harry Holzer, académico afiliado a la Universidad de Georgetown, quien se desempeñó como economista jefe del Ministerio de Trabajo de EE.UU. durante el gobierno de Bill Clinton: “Los mayores beneficiarios bajo Trump son las personas de altos ingresos, quienes se benefician más de sus recortes de impuestos (tanto personales y corporativos)”, afirma. En efecto, la política económica más llamativa del actual presidente estadounidense fue la de un enorme recorte de impuestos, calificado como uno de los mayores cambios al sistema tributario estadounidense en décadas. También se han beneficiado ciertas industrias por otra de sus políticas bandera: la de desmantelar regulaciones estatales a algunos sectores de la economía. Holzer menciona al sector financiero y al de la energía como ejemplos de lo anterior. De ahí en adelante, sin embargo, todo es más controversial. ¿Qué tanto se ha beneficiado el estadounidense promedio? Trump dice que sus políticas tienen contentos a las mayorías, pero Holzer asegura que “los beneficios a los trabajadores son muy modestos”.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-46073079#include-1

Por no hablar de la política sanitaria —es un decir— respecto del coronavirus, la cual puede ser calificada como se quiera excepto de patriótica. Trump, en efecto, ha sacrificado de momento a 231.000 estadounidenses, cuando, por sus dimensiones demográficas y grado de desarrollo del país, equiparable a Alemania, a EEUU le corresponderían unos 40.000 fallecidos. El resto, o sea, los restantes 190.000 muertos, son víctimas de Trump.

Aunque en tiempos de Nixon y Kennedy la oligarquía financiera judía todavía no había desplazado a las élites productivas industriales anglosajonas de tradición protestante, en la actualidad los EEUU son un país completamente distinto. Trump puede estar representando el papel que le corresponde para atraer a determinado electorado, a saber, los trabajadores blancos de la antigua clase media arruinada por la globalización y la financiarización de la economía estadounidense, pero estamos sólo ante la actuación teatral, propia de un actor profesional, es decir, marketing electoral, cuando no fraude político puro y simple. La oligarquía financiera es una y bíblica, pero el autor del artículo comentado no puede reconocerlo sin ser asociado automáticamente al fascismo y, lo que es peor, a la figura diabólica de Adolf Hitler, el “mal absoluto”.  En algunos casos, como el que enlazamos a continuación, dicha oligarquía, cuyo protagonismo histórico en la destrucción del Tercer Reich es de dominio público, será empero tildada de nazi o fascista por los propios agentes intoxicadores oligárquicos con el único objeto de encubrir su dimensión judeo-cristiana. 

EL POSIBLE PAPEL DE TRUMP COMO AGENTE PROVOCADOR DE UN GOLPE MILITAR DE BIDEN

La única división en el seno de la oligarquía es la que oponía las élites industriales anglosajonas de tradición religiosa protestante a las élites financieras judías. Pero éstas han vencido y aquéllas se han doblegado y pactado un modus vivendi común con las masas de trabajadores como principales perjudicados. Dicho espacio es el sionismo cristiano, donde convergen los puritanos evangélicos y los judíos propiamente dichos. Trump constituye la encarnación de la unidad bíblica de la oligarquía. Su hija, Ivanka Trump, se convirtió al judaísmo y contrajo matrimonio con un judío sionista, a saber, Jared Kushner, que es, según el premio Nobel Paul Krugman, quien realmente manda en la Casa Blanca. A Trump se le puede ver en numerosas fotos rodeado por los rabinos de la secta racista y supremacista judía Chabad. ¡Hete aquí la oligarquía!

Trump ya tiene preparadas sus milicias, es decir, bandas paramilitares que han sido armadas y convenientemente radicalizadas para que actúen de forma espontánea en defensa de Trump. El presidente, hay que subrayar este punto, no va a dar ninguna orden que lo involucre en actos violentos, pero sí hará públicas sus protestas y desacuerdo con los resultados electorales, que calificará de pucherazo demócrata. Los grupos de extrema derecha se encargarán entonces de generar los enfrentamientos que, una vez superado determinado umbral de derramamiento de sangre, permitan justificar la intervención del ejército. Aquí es donde adquiere un nuevo sentido el siguiente fragmento del artículo transcrito arriba:

La revista Defense One, por su parte afirma que las fuerzas armadas de los Estados Unidos deben prepararse para sacar del poder a Donald Trump a partir del 20 de enero, cuando se niegue a entregar el poder (algo que Trump nunca ha dicho que estuviera pensando hacer).

Hasta dónde pueda llegar esta suspensión de las garantías constitucionales es algo que, por el momento, no podemos prever, pero el resultado final colocaría a los EEUU muy cerca de un régimen oligárquico post-liberal, requisito institucional para una ulterior vuelta de tuerca hacia la realización de la profecía judía.

Figueres, la Marca Hispànica, 2 de noviembre de 2020

UN PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA AFIRMA QUE EL JUDÍO SIONISTA JARED KUSHNER ES QUIEN MANDA EN LA CASA BLANCA

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