Es falso que los oligarcas sean todos judíos: los Rockefeller, por ejemplo, constituyeron un clan familiar de creyentes evangélicos cuya matriz puritana-calvinista está fuera de dudas, pero la leyenda del Rockefeller judío persiste. ¿Cuál es entonces el elemento aglutinador de la oligarquía? Esto es lo que pretendemos analizar aquí. Cabe anticipar en cualquier caso que, en lo referente a la identidad ideológica de los oligarcas, Hitler no andaba demasiado desencaminado.

LA OLIGARQUÍA COMO PROBLEMA TEÓRICO DE IMPORTANCIA CRUCIAL PARA LA SUPERVIVENCIA DE LA HUMANIDAD. Pocos niegan ya la realidad de la oligarquía, esa minoría del 0,1% de la población que acapara poco menos que la mitad de la riqueza mundial. Las consecuencias de la simple existencia del sistema oligárquico son, en términos humanitarios, devastadoras. Cada día perecen 19.000 niños de hambre y miseria, es decir, que se podían haber evitado. Y, que, cabe subrayarlo, fueron decesos provocados, en una relación de causa-efecto muy fácil de reconstruir, por las actividades —acciones u omisiones— de la oligarquía. Pero éste es sólo un caso que sintetiza en una imagen sencilla el significado ético del dispositivo de dominación occidental. Alrededor de 13 millones de personas fallecen cada año a manos de la oligarquía. (Respecto de las cifras, remitimos a la obra de Jean Ziegler Los nuevos amos del mundo, Barcelona, Destino, 2002). Sumen ustedes décadas enteras de víctimas y comparen estos hechos con los crímenes de Adolf Hitler —crímenes supuestos o reales, por cuanto la libre discusión científica sobre el nazismo ha sido prohibida por ley. Los ejemplos podrían multiplicarse y en su momento acreditaremos las enormes dimensiones del fenómeno. Así las cosas, los medios de comunicación callan: su silencio les condena como cómplices de la oligarquía. En lugar de denunciar el mayor genocidio de la historia, las páginas de los diarios nos ilustran en efecto, constantemente, sobre los horrores de Auschwitz. Por no hablar de la cobardía y corrupción estructural de los políticos, auténticos títeres de la banca, cuya dictadura ejercen bajo la apariencia hipócrita de la mal llamada “democracia”, liberal por supuesto. Se ha intentado desacreditar la idea misma de la oligarquía con el celebérrimo estigma de la teoría de la conspiración, dando por hecho que el conspiranoico es un enfermo mental y que la supuesta teoría no es una verdadera teoría, sino un prejuicio y, en el peor de los casos, una locura colectiva de consecuencias genocidas. De ahí que el debate actual sobre la oligarquía se mueva dentro de los parámetros de la comicidad, el rídículo, la mofa, la estigmatización social y la amenaza penal. Además, los disidentes empetrecidos sufren casi siempre el ostracismo y la muerte civil, aunque en algunos casos también pueden ser asesinados. De hecho, no se da ni puede darse al respecto un verdadero debate porque las discusiones sobre la materia están superpobladas de figuras sociales ajenas a la argumentación racional propiamente dicha. La acusación de “antisemita” e incluso de “nazi”, además del transtorno psiquiátrico, es el “argumento” más usado por quienes niegan la “teoría” de la conspiración. Pero la oligarquía, una vez aceptado el hecho de que el fenómeno oligárquico forma parte, ya irreversiblemente, de la cultura popular e interpela a la mayoría de la población, ha utilizado otras estrategias a fin de evitar los efectos perniciosos que, para los oligarcas, un conocimiento científico elevado al rango de teoría y, finalmente, de opinión pública ilustrada, podría depararles. En realidad, si la gente (=gentiles) supiera a ciencia cierta y con fundamento quiénes son, qué piensan, qué quieren y qué hacen los oligarcas, es decir, los miembros de la oligarquía, estallaría una revolución a escala mundial. Y la oligarquía sería quizá físicamente exterminada por las naciones (goyim). Con este tiranicidio amparado en el derecho natural, la humanidad se convertiría, por primera vez, en sujeto de la historia. A los efectos de evitar este desenlace, la oligarquía produjo en primer lugar la “ideología del Holocausto” —penalmente blindada— y acto seguido intoxicó la red con pseudo teorías de la conspiración completamente absurdas. Narraciones fantasiosas sobre supuestas élites nazis, extraterrestres, reptilianos, demonios, élites progres o “conspiraciones social-comunistas” que tienen la finalidad de borrar las pistas conducentes a los verdaderos culpables y burlarse de los (pseudo) teóricos de la conspiración en calidad de cretinos, ignorantes, transtornados, delincuentes, populistas, extremistas, fascistas, etcétera. Este arma, que denominaremos pseudo teorías intoxicadoras de la conspiración y cuyo objeto es ocultar la verdadera conspiración, se suma al resto del arsenal sistémico enderezado a lograr que los oligarcas, o sea, los peores criminales de la historia, permanezcan impunes. ¡Y hasta ahora lo han conseguido! En consecuencia, una verdadera teoría de la conspiración debe reunir los siguientes requisitos: 1/ asentarse sobre fundamentos racionales, científicos —y empíricos allí donde se hagan afirmaciones sobre hechos—, es decir, respetar con rigor el concepto mismo de teoría; 2/ evitar caer en la trampa legal del sistema oligárquico con formulaciones de carácter antisemita que, además de estar sujetas a sanción penal en único y exclusivo interés de la oligarquía, son falsas; 3/ refutar las pseudo teorías de la conspiración, evacuadas por la propia oligarquía a fin de ridiculizar toda crítica de la conspiración y lograr que la resistencia antioligárquica (RAO) trabaje sin saberlo al servicio de los objetivos oligárquicos; 4/ abstenerse provisionalmente de abordar el tema del holocausto antes de haber respondido a todas cuestiones anteriores, porque una vez aclarados los puntos 1/, 2/ y 3/, la “ideología del Holocausto” (Norman G. Finkelstein) se cae por su propio peso. (Todo ello a despecho de los crímenes reales —que haberlos, haylos— perpetrados por el nacionasocialismo alemán). La primera tarea consistiría en abordar el punto 3 de nuestro programa de trabajo, a saber, refutar las falsas teorías de la conspiración. Empezaremos seleccionando algunas obras sobre Soros y ampliaremos la materia de la literatura barata sobre Soros, que ya hemos abordado en otros artículos de CARRER LA MARCA. Pero antes de entrar en materia es menester aclarar ciertas cuestiones metodológicas más generales que operan como postulados o axiomas de cualquier planteamiento racional de una teoría de la oligarquía. Que debe substituir al constructo altamente tóxico denominado “teoría de la conspiración” (un vocablo que sólo seguiremos utilizando de forma transitoria a efectos puramente propedéuticos y comunicativos).

Max Weber, padre de la sociología alemana: “Todo el comportamiento de los antiguos judíos estaba determinado por esa concepción de una futura revolución social y política conducida por dios (…) de manera tal que al judaísmo volviera a corresponderle su puesto de pueblo de señores“.

¿CONSPIRACIÓN?

Es menester cuestionar si el término conspiración resulta adecuado para describir lo que realmente sucede cuando un oligarca actúa. La conspiración implica el acuerdo explícito de varias personas, pero no demasiadas y mucho menos de todo una nación, para perpetrar un acto ilegal amparado siempre en el secreto y, por ende, en el engaño. Pero cuando los creyentes de una religión cuya ideología consiste en atribuirse la condición de pueblo elegido por dios y destinado a dominar el mundo (véase Max Weber) se comportan como tales, no necesitan conspirar: les basta con cumplir los preceptos morales o rituales a los que están obligados para contribuir a su causa nacionalista. Por decirlo de forma simple: no se van a “llamar por teléfono” para ponerse de acuerdo en realizar aquéllo que ya forma parte de su preceptiva liturgia. Y toda vez que existan conspiraciones, cuya realidad, como veremos, ha quedado probada, éstas responderán siempre a la consecución de ciertos objetivos concretos, pero no el meta-proyecto político-religioso que dá sentido a cualesquiera otros planes (complots) en determinados momentos y lugares. Así, habrá habido, a buen seguro, conspiraciones en las que hayan participado miembros del “pueblo escogido”, pero “la” conspiración en sí como proyecto del supuesto pueblo escogido es un mito y sería más adecuado hablar de proyecto histórico racista, supremacista y genocida para describir el judaísmo.

Yahvé a Josué: “Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos” (I Samuel 15, 3).
El primer ensayo filosófico del judío israelí Gilad Atzmon.

El filosofema más adecuado para referirnos al objeto de nuestro análisis sería, por tanto, una teoría de la oligarquía. Quizá sea la ocasión propicia citar al filósofo judío Jilad Atzmon —quien abandonó voluntariamente el judaísmo por las razones expuestas—- cuando afirma que no existe conspiración por cuanto los sionistas, los nacionalistas judíos y los oligarcas actúan a plena luz del día:

“Puede que el lector se pregunte si yo considero que la crisis crediticia es un complot sionista o incluso una conspiración judía. De hecho, se trata de lo opuesto. No es un complot, y desde luego no es una conspiración, porque todo se hizo abiertamente” (Gilad Atzmon, La identidad errante, Madrid, Disenso, 2012, p. 49).

Ahora bien, lo que más teme la oligarquía es precisamente una teoría de la oligarquía, en el sentido riguroso del término, que permita superar las fábulas del conspiracionismo irracional. Tanto es así que luchar contra la oligarquía supone, por el momento, construir esa teoría, que actualmente brilla por su ausencia, investigando en primer lugar sus requisitos y condiciones. Si nos preguntan ¿qué hacer? les responderemos eso: aporten su granito de arena a la teoría de la oligarquía. Hay que hacerlo no sólo por un interés puramente teórico, sino porque a la humanidad le va la vida en ello. La teoría de la oligarquía constituye pues, ante todo, un compromiso ético. CARRER LA MARCA es el lugar donde van a darse algunos pasos en esa dirección, con la mirada puesta en un futuro partido político de izquierda nacional que opere desde el fundamento objetivo proporcionado por la teoría de la oligarquía.

Gilad Atzmon: “Por ejemplo, podemos prever una situación espantosa en la que un ataque nuclear israelí contra Irán, de esos llamados ‘preventivos’, termina en una desastrosa guerra nuclear en la que mueren decenas de millones de personas. Supongo que entre los supervivientes de ese escenario de pesadilla puede que alguien sea lo suficientemente atrevido para argumentar que ‘Hitler podría haber tenido razón después de todo‘” (op. cit., p. 238).
El mayor genocidio de la historia moderna no ha tenido su juicio de Nüremberg.

¿QUIÉN ES JUDÍO?

Dicho esto, conviene aclarar qué significa ser judío y, ante todo, puntualizar que los judíos no forman un grupo étnico y, mucho menos, una raza. No existe la raza judía a despecho de lo que los nazis y los propios judíos supremacistas pretendan. El gen judío es una invención. Ciertamente, en sus orígenes, la religión bíblica que constituye el antecedente remotísimo del judaísmo actual estaba vinculada a una etnia concreta, a saber, los hebreos. Los cuales ostentaban una lengua y una cultura propias, pero también unas características antropológicas compartidas con los árabes y con muchos otros pueblos semitas (acadios, fenicios, arameos, sirios, etíopes…). Ahora bien, desde el momento en que alguien puede convertirse al judaísmo, esta denominación no corresponde ya a raza alguna y existen judíos de todas las razas: semitas, europeos, africanos, orientales… Entre los judíos hay además distinciones étnicas acusadas y conflictivas: los descendientes más directos de los hebreos originarios —a saber, los sefarditas— no son precisamente los más influyentes. De hecho, el Estado de Israel permanece desde su fundación bajo el control de élites judías asquenazitas, de procedencia étnica europea. Sólo posteriormente se habrían integrado en el país, de forma progresiva, los judíos sefarditas y orientales, de apariencia y hábitos muy parecidos a los árabes, mientras que los judíos falashas (negros) son todavía hoy discriminados por los judíos blancos.

Alfred de Zayas, jurista, historiador y relator de la ONU: “Nuremberg fue un ejercicio de hipocresía. Una continuación del odio y la guerra por la instrumentalización de la administración de justicia, una corrupción de las normas y procedimientos legales, una contaminación de la filosofía, un tribunal verdaderamente fariseo”.
Ovadia Yosef: “Con los gentiles ocurre como con cualquiera: tienen que morir, pero Dios les dará longevidad. ¿Por qué? Imagínense que el burro de uno muriera, ustedes perderían su dinero. Éste es su sirviente. Es por eso que se alarga su vida: para trabajar bien para este judío”.

LOS OLIGARCAS BÍBLICOS

El objeto de la teoría de la conspiración o, más rigurosamente hablando, de la teoría de la oligarquía, no son los judíos en general sino los oligarcas, judíos o no-judíos. Ahora bien, entre los oligarcas se cuenta una proporción altísima —calculada en relación con los porcentajes demográficos correspondientes— de judíos asquenazitas blancos. Por otro lado, la inmensa mayoría de los oligarcas no-judíos son cristianos evangélicos anglosajones. Pero ocurre que los cristianos evangélicos de la oligarquía adscríbense además al sionismo, es decir, acatan la ideología de los judíos como pueblo escogido. Podría concluirse, por tanto, de forma provisional, lo siguiente: la oligarquía se nutre de creyentes bíblicos de ideología sionista. (Hipótesis de trabajo). En consecuencia, no existen las famosas élites progres ni puede hablarse de una conspiración “social-comunista”, otra de las fábulas propaladas por la extrema derecha. Omitiremos cualquier comentario sobre teorías de la conspiración basadas en ideas religiosas —judaicas, por cierto— consistentes en afirmar que los judíos son “demonios”, hijos de Satanás o similares, porque además de genocidas escapan a todo control racional. Otro tanto cabe añadir respecto de las teorías de la conspiración construidas a base de extraterrestres, reptilianos, etc. Todos los datos empíricos —sociológicos, históricos y políticos— de los que disponemos en la actualidad apuntan en la misma dirección y avalan la idea de unas élites globalizadoras hipercapitalistas en el sentido amplio del término, a saber, vinculadas a empresas multinacionales, la banca y los mercados financieros, a la OTAN como plataforma militar occidental controlada por el Pentágono y al judeo-cristianismo sionista en cuanto imaginario cultural. Élites “de derechas”, pues. No hay ni un solo indicio de un George Soros comunista (no confundir con falsos comunistas vendidos a Soros) y sí muchas evidencias históricas de su visceral anti-comunismo (financió al sindicato católico Solidarnosc contra el régimen prosoviético de Jaruzelski, entre otras conspiraciones del similar jaez). Tampoco se ha demostrado jamás que los Rothschild financiaran a Marx, pero sí que financiaron a los enemigos más reaccionarios de Napoleón, un emperador cuyos ejércitos implantaban por doquier las instituciones jurídicas progresistas de la Revolución Francesa. Ni se ha acreditado nunca la supuesta influencia mundial de la logia masónica de los Illuminati. En general, la masonería de procedencia anglosajona, es decir, la única que ha influido de forma determinante en el mundo moderno, reivindicó ideas de tipo liberal y cristiano-reformado en países sometidos a la férula inquisitorial de la Iglesia católica. Eran así anticlericales, los masones, pero nunca anti-cristianos. Los comunistas prohibieron en 1922 la presencia de masones entre sus filas. La mayoría de las logias masónicas regulares excluyen a los ateos. En Israel, la inmensa mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria son de derecha liberal o de extrema derecha. Etc. Demasiadas evidencias. Ni rastro, en definitiva, de las élites progres.

Trotsky: «La Masonería representa un proceso de infiltración de la pequeña burguesía en todas las capas sociales opuesta a la dictadura del proletariado… La Masonería, por sus ritos, recuerda las costumbres religiosas y sabe que toda religión sojuzga al pueblo».
La Masonería es una institución que sirve para encauzar y depurar la intuición religiosa a un nivel racionalizable, reuniendo en sí, en un Centro de Unión, tanto a creyentes de confesiones positivas, como a quienes adoptan una forma personal de concebir el enigma del mundo (…). Es pues, perfectamente comprensible que los ateos (entendido este concepto en un sentido filosófico y no político) no tengan ninguna función que cumplir dentro de la Masonería, puesto que su actitud no les permitiría colaborar en un modo consciente en los fines propios de la Orden. Y, por ello, la negativa a su admisión no supone ninguna clase de atentado contra la libertad de conciencia” (Francisco Espinar Lafuente, Esquema filosófico de la masonería, Madrid, Itsmo, 1981, p. 36).
La izquierda revolucionaria ha desaparecido. Hemos asistido y estamos asistiendo a una americanización del espectro político europeo. En EEUU no hay izquierda, sino ultraderecha (Partido Republicano) y derecha liberal (Partido Demócrata). Entre la ultraderecha y la derecha liberal se detecta una plataforma giratoria o pista deslizante: el neoconservadorismo sionista. Porque, no nos engañemos, el modelo de los neocon es Israel: todos son allí ultraderecha. 

LIBERALISMO Y SIONISMO

Otra cuestión que conviene puntualizar de antemano sobre la ideología de la las élites es la incomprensible dualidad que parece caracterizarla en temas políticos. Así, por una parte, la oligarquía es sionista y el sionismo —es decir, el nacionalismo judío— constituye, aunque siempre más por sus hechos más que por sus declaraciones, el verdadero meollo ideológico del sistema oligárquico occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Así las cosas, en los discursos de los oligarcas, bien al contrario, aquéllo que predomina son manifestaciones de naturaleza liberal, defensa del libre mercado, de la globalización, del multiculturalismo, de los derechos del individuo, etcétera. Este discurso es incompatible con toda forma de nacionalismo. De hecho, los liberales se declaran expresamente no-nacionalistas e incluso anti-nacionalistas. El nacionalismo es el coco liberal. ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? En realidad, lo que ocurre es que una versión radical y fanática del liberalismo, a saber, el neoliberalismo, se aplica a los países gentiles —y sólo a ellos— porque comporta efectos destructivos para sus comunidades nacionales. En efecto, con reivindicaciones aparentemente progresistas (feminismo, individualismo, independentismo, aborto, inmigración, multiculturalismo, relativismo moral, movimiento LGTB, pornografía, etc), el neoliberalismo cultural y posmoderno divide las sociedades gentiles y las hace más dóciles a los designios oligárquicos. No debe extrañar, en este sentido, que la oligarquía sea ante todo enemiga de los nacionalismos, no-nacionalista y anti-nacionalista mientras, al mismo tiempo, promueve el nacionalismo judío. De hecho, se trata de una política completamente coherente con los fines supremacistas del judaísmo como ideología del pueblo escogido. Tampoco debe extrañar que para hacer más creíbles las consignas liberales, algunos oligarcas concretos, como George Soros, lleguen incluso a manifestarse contra el sionismo. ¿Cómo debemos responder a quienes sostienen que Soros es sionista? Primero, que Soros es declaradamente anti-sionista y hay que explicar eso. Segundo, que el anti-nacionalismo y, por ende, el anti-sionismo formal representa un requisito ideológico para implementar el neoliberalismo en las naciones gentiles. ¿Miente entonces Soros? Rotundamente, sí. ¿Alguna prueba? Sus relaciones con judíos declaradamente sionistas del clan Rothschild, núcleo germinal de la oligarquía. En consecuencia, CARRER LA MARCA tendrá que dedicar a este punto un importante esfuerzo de investigación.

ACLARACIONES LEGALES

Acto seguido nos remitimos a los fundamentos legales de la FILOSOFÍA CRÍTICA para aclarar cualquier otra duda respecto a la lagitimidad teórica de las cuestiones planteadas:

AVISO LEGAL

En cualquier caso y para evitar malentendidos, hacemos nuestro el Aviso Legal del sitio FILOSOFÍA CRÍTICA. A continuación reproducimos su texto íntegro:

¿QUIÉNES SOMOS?

FILOSOFÍA CRÍTICA es un sitio de internet con una finalidad estrictamente filosófica, teórica y literaria amparada por el derecho universal a la libertad de pensamiento, información, investigación, expresión y opinión.

FILOSOFÍA CRÍTICA respeta o acata la normativa positiva vigente como “ley” y exige su cumplimiento en defensa de los más débiles por mucho que cuestione los fundamentos éticos de la misma y el carácter ideológico fraudulento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

FILOSOFÍA CRÍTICA opina también sobre cuestiones políticas siempre que las circunstancias, por ejemplo la vulneración de los derechos de las personas (y sobre todo en aquello que concierna a derechos fundamentales de trabajadores, escritores, detenidos y presos), así lo exijan. En cualquier caso, se pronunciará siempre en términos pacíficos y contrarios a toda forma de violencia o discriminación por cualquier motivo (social, racial, religioso e ideológico) dentro del “marco pacífico de convivencia”.

FILOSOFÍA CRÍTICA reivindica la aplicación de la pena de muerte, en cuanto precepto legal, para los responsables de delitos de genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la paz o crímenes contra la humanidad.

FILOSOFÍA CRÍTICA considera legítima la lucha del pueblo palestino contra las fuerzas de ocupación israelíes y la autodefensa de Hamas y Hezbolá frente a la agresión de tropas regulares, pero no los actos de terrorismo que tengan por objetivo la población civil del Estado de Israel o personas de etnia judía (u otra condición) dondequiera que éstas residan.

En general, FILOSOFÍA CRÍTICA rechaza cualquier forma de ideología o práctica terroristas, así como la versión estatal, burocrática y policial de ese mismo fenómeno, a saber, el totalitarismo.

FILOSOFÍA CRÍTICA se define, desde el punto de vista político, como una página de izquierdas, nacionalista, democrático-asamblearia, popular, republicana, laica, socialista, ecologista, antirracista, patriótica y antiliberal que, como tal, desplegará una crítica sistemática contra la “oligarquía financiera transnacional” (=gran capital) en tanto que “enemigo político” de los trabajadores de todas las naciones, pueblos y culturas del mundo.

FILOSOFÍA CRÍTICA promueve el procesamiento de los responsables políticos de la guerra contra Iraq (2003), entre otros genocidios impunes perpetrados por las potencias occidentales y coloniales desde el exterminio sistemático de los indios autóctonos pieles-rojas y la esclavitud negra en los Estados Unidos de América hasta los actuales ataques con drones a civiles indefensos (“asesinatos selectivos”). Esta página reivindica las consecuencias derivadas de la doctrina del derecho natural en materia de tiranicidio.

Yahvé a Josué. “Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos” (I Samuel 15, 3). Atrocidades judías.

Todas las menciones críticas a “el Holocausto” en este blog se entenderán referidas a “la ideología del Holocausto” según la interpreta el escritor judío norteamericano Norman G. Finkelstein en La industria del HolocaustoReflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío (Madrid, Siglo XXI, 2002) u otros textos de su producción literaria. El comienzo de dicha obra reza así:

“Este libro es tanto una anatomía como una denuncia de la industria del Holocausto. En las páginas que vienen a continuación argumentaré que ‘el Holocausto’ es una representación ideológica del holocausto nazi” (op. cit., p. 7).

El texto completo de La industria del Holocausto puede descargarse en:

http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/Finkelstein_Norman/IndustriaDelHolocausto.htm

Cualquier interpretación que vaya más allá de las tesis de Finkelstein se fundamentará en las afirmaciones de los autores e investigadores académicos citados más abajo y, por lo tanto, la exégesis en este sitio queda circunscrita al libre debate teórico, filosófico, cultural e historiográfico.

FILOSOFÍA CRÍTICA condena expresamente el racismo y el antisemitismo en las entradas o comentarios concernientes a esta temática y ha publicado en algunos posts llamamientos explícitos contra la violencia skin-head. Por este motivo, nunca hablará de “los judíos” en general a fin de evitar confusiones abusivas que, entre otros bienes jurídicos, afectarían de forma negativa a sus propias fuentes, formadas en buena parte por autores de etnia hebrea.

Sin embargo, por su relevancia histórica e internacional, este sitio se refiere a menudo a ideologías concretas, entre otras: el sionismo, la extrema derecha judía o israelí, el racismo y supremacismo ultraderechista hebreo, en acepciones semánticas bien acotadas a efectos de evitar la difamación étnica. También criticamos con dureza en FILOSOFÍA CRÍTICA la política de un país: el Estado de Israel, pero no negamos el derecho de la nación judía a una existencia independiente. Asimismo, informamos sobre las actividades de sectores políticos y sociales muy determinados de procedencia judía: “la comunidad judía organizada de EEUU”, el “lobby judío” americano u otros grupos influyentes, como los sionistas cristianos (que no son judíos), dentro de la oligarquía financiera transnacional. En este último punto, FILOSOFÍA CRÍTICA se basa en los usos lingüísticos e informaciones emitidas por el sociólogo norteamericano de izquierdas James Petras. Véase al respecto su informe “El poder en el poder globalizado”, que enlazamos a continuación:

http://izquierdanacionaltrabajadores.blogspot.com.es/2011/01/informe-petras-6-9-2010.html

Cuando la crítica filosófica vaya dirigida a la cultura religiosa judía en su conjunto, FILOSOFÍA CRÍTICA utiliza el término “el judaísmo” (y no “los judíos”) en el sentido de los términos expuestos por el filósofo Karl Marx, aunque no en los términos mismos, los cuales, en la actualidad, para vergüenza de nuestras “democracias”, serían ilegales:

El judaísmo alcanza su plenitud con la sociedad burguesa, pero la sociedad burguesa sólo llega a su plenitud en el mundo cristiano. Sólo bajo el dominio del cristianismo, que convierte en relaciones puramente externas al hombre todas las relaciones nacionales, naturales, morales y teóricas, podía la sociedad burguesa separarse totalmente de la vida del Estado, desgarrar todos los vínculos genéricos del hombre, suplantar esos vínculos genéricos por el egoísmo, por la necesidad egoísta, disolver el mundo de los hombres en el mundo de los individuos atomizados que se enfrentan los unos contra los otros hostilmente. El cristianismo ha surgido del judaísmo. Y ha vuelto a disolverse en él. El cristiano era desde el principio el judío teorizante; el judío es por ello el cristiano práctico y el cristiano práctico se ha vuelto de nuevo judío. (…) No busquemos el misterio del judío en su religión, sino busquemos el misterio de la religión en el judío real. ¿Cuál es el fundamento secular del judaísmo? La necesidad práctica, el interés egoísta. ¿Cuál es el culto secular practicado por el judío? La usura. ¿Cuál su dios secular? El dinero. Pues bien, la emancipación de la usura y del dinero, es decir, del judaísmo práctico, real, sería la autoemancipación de nuestra época. Una organización de la sociedad que acabase con las premisas de la usura y, por tanto, con la posibilidad de ésta, haría imposible el judío. Su conciencia religiosa se despejaría como un vapor turbio que flotara en la atmósfera real de la sociedad. Y, de otra parte, cuando el judío reconoce como nula esta su esencia práctica y labora por su anulación, labora, al amparo de su desarrollo anterior, por la emancipación humana pura y simple y se manifiesta en contra de la expresión práctica suprema de la auto enajenación humana. Nosotros reconocemos, pues, en el judaísmo un elemento antisocial presente de carácter general, que el desarrollo histórico en el que los judíos colaboran celosamente en este aspecto malo se ha encargado de exaltar hasta su apogeo actual, llegado el cual tiene que llegar a disolverse necesariamente. La emancipación de los judíos es, en última instancia, la emancipación de la humanidad del judaísmo (Karl Marx, Sobre la Cuestión Judía, 1844).

“La emancipación de los judíos es, en última instancia, la emancipación de la humanidad del judaísmo” (Karl Marx, Sobre la Cuestión Judía, 1844).

Compartimos la opinión, expresada por Hannah Arendt, de que las críticas de Marx al judaísmo no pueden ser calificadas de antisemitismo. En este sentido se refiere esta autora judía a

“(…) los famosos escritos antijudíos del joven Marx, que tan frecuente e injustamente ha sido acusado de antisemitismo. Que el judío Karl Marx pudiera escribir de la misma forma que aquéllos radicales antijudíos sólo probaba cuán poco había en común entre este tipo de argumentación antijudía y el antisemitismo declarado” (Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo, I, Antisemitismo, Madrid, Alianza, 1981, p. 59).

Las críticas al Estado de Israel como organización responsable de crímenes de lesa humanidad se fundamentan en obras de reconocido prestigio, algunas de las cuales se citan a continuación:

Ilan Pappé: La limpieza étnica de Palestina, Barcelona, Crítica, 2008.

Israel Shahak: Historia judía, religión judía, Madrid, Machado Libros, 2003.

Noam Chomsky / Ilan Pappé: Gaza en crisis, Madrid, Taurus, 2011.

Norman G. Finkelstein: La industria del Holocausto, Madrid, Siglo XXI, 2002.

Ilan Pappé: Los demonios de la Nakba, Madrid, Bósforo, 2008.

Sobre los elementos racistas que pueden detectarse en el judaísmo religioso (con las consecuentes derivaciones políticas):

Israel Shahak: Historia judía, religión judía, Madrid, Machado Libros, 2003.

Sobre la colaboración entre el sionismo y el nazismo durante el período de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial:

Lenni Brenner: Sionismo y fascismo, Madrid, Bósforo, 2010.

Sobre los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los regímenes comunistas, hechos que permanecen impunes en su mayor parte:

Stéphane Courtois et alii: El libro negro del comunismo. Crímenes, terror, represión, Barcelona, Planeta, 1998.

Sobre los crímenes de lesa humanidad, totalmente impunes, perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial contra el pueblo alemán, con 13 millones de víctimas computadas:

Giles Macdonough: After the Reich. The brutal History of the Allied Occupation, Nueva York, Basic Books, 2007.

Jörg Friedrich: El incendio. Alemania bajo los bombardeos (1940-1945), Madrid, Taurus, 2003.

Alfred M. de Zayas: Némesis at Potsdam, Londres, Routledge/Kegan Paul, 1977.

Alfred M. de Zayas: The German Expelles. Victims in War and Peace, Nueva York, Martin’s Press, 1993.

James Bacque: Other losses, Londres, Little Brown, 2004.

James Bacque: Crimes and Mercies, Vancouver, Talon Books, 2007.

John Sack: An Eye for An Eye. The Untold Story of Jewish Revenge Against Germans in 1945, London, Basic Books, 1995.

Sobre los crímenes de lesa humanidad, también impunes, perpetrados por los vencedores de la Primera Guerra Mundial contra el pueblo alemán, con 1 millón de víctimas:

Paul Vincent: The Politics of Hunger. The Allied Blockade of Germany, 1915-1919, Ohio University, London, 1985.

Alfred de Zayas (relator de la ONU): “Nuremberg fue un ejercicio de hipocresía. Una continuación del odio y la guerra por la instrumentalización de la administración de justicia, una corrupción de las normas y procedimientos legales, una contaminación de la filosofía, un tribunal verdaderamente fariseo”.

FILOSOFÍA CRÍTICA considera que el derecho a no ser discriminado por motivos ideológicos ampara también a quienes se consideren o sean considerados “fascistas” pero, pese a ello, actúen de conformidad con la legalidad vigente, tanto si la comparten en su fuero interno cuanto si entienden, como es nuestro caso, que la parafernalia “democrática” actual es un fraude al servicio de la oligarquía financiera transnacional.

FILOSOFÍA CRÍTICA se fundó el 20 de noviembre de 2007 con una especial mención a los 100 millones de personas acusadas de “fascistas” y exterminadas bajo regímenes totalitarios comunistas o como consecuencia de la violencia terrorista marxista-leninista testimoniada por el Premio Nobel Alexandr Solzhenitsyn en su obra Archipiélago Gulag. Respecto a las leyes estalinistas que tipificaban expresamente como “fascistas” a las víctimas de los campos de concentración bolcheviques, véase:

“Ya sabíamos que ‘fascistas’ era el apodo de los del Artículo 58, puesto en circulación por los perspicaces cófrades y aprobado con gusto por las autoridades” (Solzhenitsyn, A., Archipiélago Gulag, Barcelona, Tusquets, tomo II, 2005, p. 180).

El significado de la palabra “fascismo” en FILOSOFÍA CRÍTICA se refiere, en primer lugar, al empleo criminal que de ella han hecho, desde Stalin, los comunistas para la represión, discriminación y exterminio de ciudadanos inocentes o de simples disidentes ideológicos. Dicha acepción criminal ha sido aceptada, desde el año 1945, por las “democracias liberales occidentales” para referirse despectivamente a toda clase de disidentes o desafectos a la oligarquía financiera transnacional. Cuando no sea así, se referirá a los usos lingüísticos que se definan en la correspondiente entrada de blog, los cuales opondrán siempre el “fascismo” a cualquier significado racista o antisemita por motivos ampliamente fundamentados desde el punto de vista historiográfico, los cuales se citarán con las referencias bibliográficas correspondientes. Por ejemplo, cuando FILOSOFÍA CRÍTICA se refiere al papel de fascistas en la salvación de miles de judíos perseguidos por la Gestapo:

“Quedaba todavía un asilo inesperado. La Italia de Mussolini, que siempre se había limitado a imitar con indiferencia los decretos de Nüremberg de 1938, asumió la defensa activa de los refugiados judíos en la zona italiana de ocupación (…) cuando las deportaciones desde la zona del litoral aumentaron a principios de 1943, las autoridades italianas de ocupación las impidieron al este del Ródano, y advirtieron al gobierno francés que si bien él podía hacer lo que se le antojara con los judíos franceses, los judíos extranjeros en la zona ocupada por Italia eran incumbencia exclusiva de las autoridades italianas. En marzo, éstas intervinieron para impedir que los prefectos franceses de Valence, Chambéry y Annecy detuviesen a judíos extranjeros en esta región. En junio de 1943, el prefecto de la policía italiana, Lospinosa, evitó la detención por parte de los franceses de 7000 judíos extranjeros en Mégève. El hecho de que un jefe fascista de la policía italiana tuviese que indicar a Antignac, el hombre de confianza de Darquier de Pellepoix en el Comisariado General de Asuntos Judíos, que Italia “respetaba los principios elementales de humanidad”, permite hacerse una idea del antisemitismo de Vichy” (Robert Paxton, La Francia de Vichy, Barcelona, Noguer, 1974, pp. 161-162).

En los casos en que el fascismo haya perpetrado crímenes de lesa humanidad, FILOSOFÍA CRÍTICA expresará también su condena o repudio, tanto por intereses meramente legales cuanto por motivos morales relacionados con la verdad racional.

FILOSOFÍA CRÍTICA abomina de todos los genocidios y se solidariza con todas las víctimas de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad sin excepción, pero singularmente con las víctimas de los genocidios que, a causa de intereses políticos ilegítimos de diversa índole, no han sido nunca juzgados, perseguidos ni condenados por las autoridades oligárquicas (pseudo democráticas) actuales: GulagNakba, Dresden y genocidio del pueblo alemán (perpetrado por las potencias aliadas en la II Guerra Mundial), Hiroshima (perpetrado por EEUU), Vietnam (perpetrado por EEUU), esclavitud negra en EEUU, exterminio de los nativos pieles-rojas en EEUU, Congo (perpetrado por Bélgica) y muchos otros desconocidos para la opinión pública.

FILOSOFÍA CRÍTICA niega la existencia de pueblos elegidos o superiores y, por tanto, de pueblos inferiores; rechaza la superioridad del pueblo judío sobre los pueblos gentiles o cualesquiera otros pueblos y condena el sionismo como ideología racista encubierta por las autoridades oligárquicas (pseudo democráticas) de Occidente.

FILOSOFÍA CRÍTICA condena así mismo el genocidio cometido por el régimen nacionalsocialista contra personas de etnia o religión judía y contra homosexuales, prisioneros rusos, gitanos y otras minorías, pero disiente de la versión historiográfica oficial en lo que respecta a la sistematicidad, número de víctimas y métodos empleados por el Tercer Reich en la persecución y asesinato de las víctimas hebreas:

En cuanto a la sistematicidad, se basa en las apreciaciones del sociólogo Zygmut Bauman.

En cuanto al número de víctimas, fundaméntase en las revisiones a la baja realizadas por las propias autoridades en el campo de Auschwitz (reducción de 4 a 1,5 millones de víctimas) y en el reconocimiento oficial de que no se emplearon cámaras de gas con fines genocidas en ninguno de los campos situados en el interior de las fronteras políticas del Tercer Reich, sino únicamente en campos de la Polonia ocupada.

En cuanto a los métodos, la bitácora se remite a las manifestaciones de Daniel Goldhagen en Los verdugos voluntarios de Hitler sobre las cámaras de gas y sobre los criterios que han sido utilizados para afirmar que se produjo un uso masivo de estos artilugios durante el genocidio judío.

De todos estos autores y temas se realizarán las correspondientes referencias bibliográficas.

En lo concerniente a la existencia de un plan de exterminio:

“Desde hace muchos años, los historiadores del Holocausto se han dividido en dos grupos, el ‘intencional’ y el ‘funcional’. El primero de ellos insiste en que desde el principio Hitler había tomado la firme decisión de matar a los judíos y sólo esperaba a que se dieran las condiciones oportunas. El segundo sólo atribuye a Hitler la idea general de ‘encontrar una solución’ al ‘problema judío’, una idea clara sólo por lo que se refiere a la idea de una ‘Alemania limpia’, pero vaga en lo referente a los pasos que había que dar para que se hiciera realidad. Los estudiosos de la historia apoyan con datos cada vez más convincentes la visión funcional” (Zygmut Bauman, Modernidad y holocausto, Madrid, Sequitur, 1997, p. 143-144).

Respecto a la ausencia de cámaras de gas en los campos de concentración y trabajo situados en el interior de las fronteras políticas del III Reich (por ejemplo, Dachau, a pesar de las afirmaciones en sentido contrario de las resoluciones judiciales de Nüremberg y de los abundantes testigos perjuros):

“Ni en Dachau, ni en Bergen-Belsen, ni en Buchenwald fueron gaseados judíos ni otros detenidos” (Martin Broszat, Instituto de Historia Contemporánea de Múnich, “Die Zeit”, 19 de agosto de 1960, p. 16).

Por lo que hace al uso de las cámaras de gas:

“(…) suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (…) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (…) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período” (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, 2003, pp. 29-39).

Este blog convalida las afirmaciones del historiador Ernst Nolte en lo relativo a las causas del nacimiento del fascismo (“el gulag precedió a Auschwitz”) y a las dificultades políticas actualmente existentes para desarrollar de forma honesta una investigación historiográfica objetiva y neutral sobre el tema del holocausto. Por este motivo, pese a mantener una posición crítica frente al relato oficial, dogma que conforma la sustancia de la ideología oligárquica imperante, este sitio no se pronuncia ni se pronunciará de manera definitiva sobre los mencionados extremos mientras sigan vigentes las leyes represivas en esta materia y la libertad de investigación, información, expresión y opinión no sea restablecida en Europa:

«Cuando las reglas de examen de testigos se hayan generalizado y ya no se evalúen las declaraciones objetivas de acuerdo con criterios políticos, sólo entonces se habrá construido una base sólida para el esfuerzo por lograr objetividad científica respecto a la “solución final”» (Nolte, Ernst, La Guerra Civil Europea, 1917-1945, FCE, México, 2001, pp. 485-486, n. 106).

FILOSOFÍA CRÍTICA rechaza el negacionismo del holocausto, pero también el negacionismo o banalización de los genocidios, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y crímenes contra la paz perpetrados por los regímenes antifascistas vencedores de la Segunda Guerra Mundial, así como la interpretación periodística y política predominante de la historia contemporánea emanada, como propaganda de guerra, del resultado de dicha contienda. En la fundamentación de su postura, el sitio apela a autores consagrados, a saber: James Petras, Lenni Brenner, Raúl Hilberg, Alfred de Zayas, Israel Shahak, Norman G. Finkelstein, Noam Chomsky, Zygmut Bauman, Jörg Friedrich, Domenico Losurdo, Stéphane Courtois, Zeev Sternhell, Ernst Nolte, James Bacque, Illan Pappé, Gilles Macdonough, entre otros.

FILOSOFÍA CRÍTICA resume y sintetiza su posición política e interpretativa historiográfica en el libro La manipulación de los indignados (Madrid, Ed. Barbarroja, 2012). Dicha obra propone acciones políticas pacíficas para una reforma constitucional que conduzca, mediante la instauración del poder constituyente basado en la soberanía del pueblo, a una democracia popular participativa que establezca la verdad racional como valor supremo, rechazando expresamente la violencia, el terrorismo, el totalitarismo y el racismo de cualquier signo en cuanto formas válidas de acción política.

Jaume Farrerons

La Marca Hispànica, 20 de noviembre de 2013.

Figueres, la Marca Hispànica, 10 de agosto de 2021.

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